era las curvas de confección divina,
y esa monumentalidad, nadie la veía.
Pasaba desapercibido,
sólo mis ojos reconocían la sección aúrea que vestía
Ajeno, sólo él mismo enterró cómo su alma corrompida le solidificó el corazón,
incapaz su fundamento de dominar su vida,
el núcleo se le volvió mármol baladí y la imaginería quedó vacía.
Por eso las eculturas están descabezadas,
por eso, yo sólo identificaba un complejo gamba sin más valentía.
Y así pasan a la posteridad monumentos coetáneos que no dan más de sí que sus limitadas y cortas miras.

4 comentarios:
¿Alguna vez la tuvieron?
realmente creo que no!!
Hermoso.
De cualquier forma vivir sin cabeza es una condena... casi mayor que vivir con ella
para un rato a lo mejor ya está bien así
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